9.9.10
Aquí y ahora
los labios impunes de este hombre nunca habian provado la sangre, pero a cada disparo el olor a carne quemada sellaba un destino escrito mucho antes de entrar a ese banco, mucho antes de que la pistola rodara a sus pies, mucho antes que mataran a su hija. estaba en la sucursal mas grande de la empresa que le había quitado todo y ese dia, ese inexacto miercoles a la 9:17 de la mañana... era su dia del pago.
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